“Mi niña tiene cuatro años y medio, es de origen rumano pero indocumentada, hemos sufrido todo lo que conlleva ser una niña sin papeles, invisible, como no poder pedir ayudas para su discapacidad, ni una beca, ni viajar fuera de España”, explica a Efe Justi Carretero, una de las 215 familias que tiene acogidos a menores rumanos en España.

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